El cine que alimenta el alma: “Nonnas” y el poder de las recetas familiares

El cine que alimenta el alma: “Nonnas” y el poder de las recetas familiares
Si eres de los que disfrutan viendo películas de cocina, te aseguro que “Nonnas” es de esas historias que te llegan al corazón y te reconcilian con el verdadero sentido de cocinar y de las recetas familiares. No puedo evitar recomendarla en este blog, porque a mí todas —o casi todas— las películas que giran en torno a la cocina me enamoran un poco más de este mundo y me recuerdan por qué cocinar es mucho más que preparar comida: es un acto de amor, de memoria y de identidad.
“Nonnas”, disponible en Netflix, narra la historia real de un hombre que, tras perder a su madre, decide abrir un restaurante en Nueva York y reclutar a varias abuelas italianas para que sean las encargadas de la cocina. El resultado es un homenaje precioso al legado culinario de las madres y abuelas, a esas recetas familiares que se transmiten de generación en generación y que, más allá de los ingredientes, llevan consigo historias, emociones y recuerdos imborrables. Hay una escena especialmente emotiva en la que el protagonista encuentra una carta de su madre repleta de recetas familiares. Solo entonces logra por fin preparar esa salsa tan especial que nunca había conseguido igualar, y ese momento resume a la perfección el valor sentimental y cultural de las recetas heredadas: no solo alimentan el cuerpo, sino también el alma y la memoria.
Lo que más me gusta de “Nonnas” es cómo el cine logra transmitir esa emoción de manera honesta, sin caer en la explotación comercial ni en el postureo. La historia no solo gira en torno a una receta, sino al proceso de reconciliación con el pasado, la identidad y el amor materno. Y, como amante de la cocina, me reafirma en la idea de que cocinar es, ante todo, un acto de cuidado y de conexión con quienes nos rodean.
Entre la emoción real y el marketing de la “receta de mi madre”
Pero, claro, no puedo evitar pensar en cómo, en estos tiempos, esa autenticidad y ese legado de las recetas familiares se han convertido también en un recurso de marketing. Basta con abrir cualquier red social para ver recetas presentadas como “la auténtica receta de mi madre” o “el plato que hacía mi abuela cada domingo”. Y no me malinterpretes: me encanta que se compartan recetas familiares, pero a veces tengo la sensación de que se utiliza la figura de la madre como excusa para vender una imagen de tradición y autenticidad que no siempre es real.
De hecho, conozco a más de uno —y seguro que tú también— que proclama recetas como si fueran creación exclusiva de su madre, cuando en realidad son recetas tradicionales que han circulado por generaciones, o incluso platos que debemos a confiterías de toda la vida.
Y como se suele decir, “al César lo que es del César”. Por muy romántico que suene decir “la receta de mi madre”, muchas veces si tu madre la conoce es porque antes de eso hubo una confitería, una panadería o una cocinera anónima que inventó esa receta y la hizo tan famosa que acabó entrando en todas las casas.
En Alcoy, por ejemplo, hay dulces y platos tradicionales que todos asociamos a la familia, pero que en realidad nacieron en obradores o bares míticos del pueblo. Recetas como la coca de canónigo, los buñuelos de viento, la tortà d’atmeló, la coca de piñones o les coquetes fregides. De hecho, la receta de la tortà d’atmeló, entre otras, la conocemos gracias a la confitería El Túnel, una confitería histórica de Alcoy que fue clave en la difusión de muchos de estos dulces y que, lamentablemente, cerró sus puertas. Si hay una manera de continuar recordando estos sitios es precisamente reconocer su verdadero origen, para que quienes no llegaron a conocer esta confitería la descubran a través de estas recetas y su legado siga vivo. Reconocer ese origen no le quita valor a la receta, sino que la hace aún más especial, porque nos recuerda que la cocina es una historia colectiva, tejida entre generaciones y comunidades, y no solo un relato individual para vender autenticidad.

Cocinar es compartir, no competir
Por eso, me gusta pensar que la verdadera grandeza de la cocina de madre o de las recetas familiares no está en su exclusividad ni en su potencial para conseguir likes, sino en su capacidad para unirnos y para transmitir cariño, alegría y buen humor a quienes queremos. Las madres y abuelas que han alimentado a familias enteras durante décadas no buscaban reconocimiento público ni seguidores en redes: simplemente cocinaban, compartían y cuidaban, y eso es lo que de verdad hace especial a sus recetas.
Así que, la próxima vez que veas una receta de “la cocina de mi madre” en redes, pregúntate de dónde viene realmente ese plato. Y, sobre todo, no tengas miedo de compartir tus propias historias, aunque no sean perfectas ni exclusivas: porque la cocina, como la vida, se enriquece cuando se comparte y se reconoce el valor de quienes nos han precedido.
Si necesitas un último motivo para ver Nonnas, es precisamente porque esta película nos recuerda lo que de verdad importa en la cocina: la autenticidad, el cariño y la historia real que hay detrás de cada plato. Frente al postureo instagramil y esa fiebre por inventar que ya rozan lo absurdo, Nonnas apuesta por la emoción genuina y el respeto a la tradición.
No se trata de buscar la foto perfecta ni de colgarse medallas por recetas que, en realidad, tienen una historia colectiva mucho más rica. Se trata de cocinar con el corazón, de reconocer de dónde vienen realmente nuestras recetas familiares y de celebrar la memoria compartida que nos une alrededor de la mesa. Por eso, si te apasiona la cocina y te cansa un poco tanta pose digital, dale una oportunidad a Nonnas: te reconciliará con el verdadero significado de cocinar y compartir.

