Vuelta al cole: cómo recuperar las rutinas de alimentación sin complicarnos

La vuelta al cole siempre trae consigo una pequeña revolución en casa. Después de semanas de horarios más relajados, comidas improvisadas y noches que se alargan más de la cuenta, toca volver a poner un poco de orden.
Y este año yo estoy mirando esa vuelta a las rutinas de alimentación de una manera un poco diferente.
Hace más de diez años pasé por quirófano para operarme de escoliosis. Mi espalda lleva desde entonces una cicatriz bastante grande que, haciendo un poco de humor, podría decir que es mi único tatuaje y que, además, no tuve que elegir. La operación solucionó una parte importante del problema, pero sigo teniendo las lumbares desviadas y eso hace que tenga que cuidar especialmente mi espalda. La natación se ha convertido, por tanto, en una de esas rutinas que procuro mantener porque sé que me ayuda.
Con el paso de los años llegaron también los embarazos y, en algún momento, el hipotiroidismo, que en mi caso se ha convertido en algo crónico. No sé si unas cosas tienen relación con otras y tampoco pretendo encontrar una explicación por mi cuenta. Lo que sí sé es que desde hace aproximadamente unos años noto que mi cuerpo no responde exactamente como lo hacía antes.
Hay alimentos que ya no tolero igual, épocas en las que estoy más hinchada, otras en las que aparece el estreñimiento y una facilidad bastante curiosa tanto para perder peso como para recuperarlo. Todo esto me ha llevado a prestar mucha más atención a mi alimentación, a mis hábitos y, sobre todo, a la información que consumo sobre salud y alimentación.
¿Y por qué os cuento todo esto? Porque quizá tú estés pasando por algo parecido. Tengo 40 años y soy mujer, así que además me encuentro en una etapa de la vida en la que empiezan a aparecer cambios que antes no formaban parte de mi día a día. Estoy entrando en la perimenopausia, una etapa de transición en la que las variaciones hormonales pueden acompañarse de cambios en el sueño, el peso, la composición corporal, el ciclo menstrual, el estado de ánimo o la forma en la que nuestro cuerpo responde a determinadas situaciones.
Eso no significa que todo lo que me ocurre tenga que explicarse por la perimenopausia. Sería demasiado fácil —y poco riguroso— atribuir cada síntoma a las hormonas. Mi cuerpo ha cambiado con los años y son muchas las circunstancias que pueden influir en cómo nos encontramos en cada momento.
Necesitamos información fiable. Necesitamos entender que nuestro cuerpo no permanece igual durante toda la vida y que lo que nos funcionaba con 20 años quizá necesite algún ajuste a los 40. Y necesitamos, sobre todo, aprender a distinguir entre quien comparte conocimiento y quien simplemente ha encontrado una manera muy rentable de decirnos qué tenemos que comer.
Y quizá ese sea uno de los grandes problemas de nuestro tiempo: tenemos más información que nunca, pero no siempre sabemos distinguir el conocimiento del ruido.
La vuelta al cole también nos devuelve a las rutinas de alimentación
La vida real es bastante más sencilla.
A veces una buena cena puede ser simplemente una rodaja de salmón a la plancha o un buen chuletón de ternera, vuelta y vuelta, con su punto de sal. Sin una salsa con cuatro ingredientes, sin tener que preparar tres elaboraciones diferentes y sin necesidad de convertir la cena en una fotografía para Instagram.
Y no por eso estamos comiendo peor.
De hecho, quizá hemos complicado demasiado algo que, en realidad, puede ser mucho más sencillo. Muchas veces pensamos que decidir qué comemos hoy o qué cenamos esta noche requiere planificar recetas, comprar ingredientes y pasar mucho tiempo en la cocina. Y no tiene por qué ser así.
Al final, comer bien en el día a día puede ser mucho más simple de lo que creemos: comprar buenos alimentos y aprender a sacarles partido.
Un buen pescado necesita poco. Una buena carne tampoco necesita demasiadas historias. Unos huevos pueden resolver una cena estupenda. Una buena conserva puede salvar una comida. Unas verduras bien preparadas pueden convertirse en una guarnición magnífica.
Compra productos buenos y déjate de historias
Porque hay una diferencia importante entre la vida de quien crea contenido en redes sociales y la nuestra. Esa persona necesita publicar. Necesita sorprender, inventar, probar combinaciones y ofrecer algo nuevo constantemente. Si cada día enseñara exactamente la misma tortilla, el mismo salmón o las mismas verduras, probablemente su contenido no tendría el mismo interés.
Pero esa no tiene por qué ser nuestra vida.
No tenemos que cenar cosas diferentes cada noche. No tenemos que llenar todos los platos de colorinchis. No tenemos que comprar diez ingredientes para preparar una cena que podríamos haber resuelto con tres. Y tampoco necesitamos sentir que estamos comiendo mal porque nuestra cena no parece sacada de una revista.
Tu vida no es la de la persona que ves en Instagram. Y tu alimentación tampoco tiene que parecerse a su contenido.
No necesitamos más recetas, necesitamos aprender a comer mejor
Quizá hemos confundido información con conocimiento.
Tenemos miles de recetas al alcance de la mano, vídeos de pocos segundos que nos dicen qué desayunar, qué cenar, qué ingredientes combinar, qué producto comprar y hasta cómo colocar cada cosa en el plato.
Pero saber cocinar una receta no significa necesariamente saber alimentarse.
Y aquí creo que merece la pena hacer una distinción.
A mí también me gusta descubrir platos nuevos, aprender una técnica o encontrar una idea diferente para aprovechar un ingrediente. El problema aparece cuando empezamos a pensar que necesitamos todo eso para comer correctamente.
No necesitamos treinta cenas diferentes para un mes. Necesitamos saber resolver una cena.
No necesitamos un frigorífico lleno de productos del mercado. Necesitamos tener alimentos que nos gusten y que sepamos utilizar.
No necesitamos convertir cada comida en una elaboración. Necesitamos entender, dentro de nuestras posibilidades y necesidades, qué alimentación nos sienta bien y cómo podemos mantenerla en el tiempo.
Y, sobre todo, necesitamos aprender a distinguir entre alguien que nos está enseñando y alguien que simplemente nos está vendiendo una idea.
No todo es ruido también hay personas de las que aprender
Por supuesto, sería injusto meter a todo el mundo en el mismo saco. Porque dentro de las redes sociales también hay personas que hacen precisamente lo contrario: comparten conocimiento, explican y nos ayudan a entender mejor nuestro cuerpo y nuestra salud.
Aunque aquí también creo que merece la pena hacer una pequeña parada. Porque hay una palabra que últimamente encontramos por todas partes: divulgadora.
Parece que de repente todo el mundo es divulgador. Hay divulgadores de nutrición, de salud, de crianza, de psicología, de ejercicio, de sueño, de productividad… Y no tengo muy claro si en algún momento hemos estirado tanto la palabra que ha acabado perdiendo parte de su significado. No puedo evitar pensar que, en algunos casos, hay bastante ego detrás de esa necesidad de autodefinirse así. Como si necesitáramos presentarnos ante los demás como alguien que tiene algo que enseñar, como alguien cuya opinión merece ser escuchada.
Divulgar no es simplemente hablar de algo en Instagram. Tampoco es acumular seguidores, hacer vídeos delante de una cámara o explicar con mucha seguridad algo que acabamos de aprender. Divulgar implica, en mi opinión, tener conocimiento sobre una materia, saber contrastarlo, entenderlo y, sobre todo, ser capaz de trasladarlo a otras personas de una manera comprensible y responsable.
Y quizá hemos llegado a llamar divulgador a cualquiera que ha descubierto que puede ganarse la vida haciéndonos creer que sabe mucho de un tema. Porque tener una cámara, miles de seguidores y mucha seguridad al hablar no convierte a nadie en experto.
Es algo parecido a lo que ocurrió hace unos años con la palabra coach. De repente todo el mundo era coach de algo. Parecía que bastaba con ponerse ese apellido profesional para adquirir una autoridad que, en realidad, había que demostrar con formación y conocimiento.
Ahora ocurre algo parecido con la divulgación. Decirse divulgador no convierte a nadie en una fuente fiable de información.
Por eso, cuando digo que hay personas en Instagram de las que merece la pena aprender, no me refiero a quienes tienen la receta más original, el plato más bonito o el vídeo que consigue más visitas. Me refiero a personas que realmente aportan conocimiento.
Personas que nos ayudan a poner cada cosa en su sitio. A saber qué merece nuestra atención y qué quizá está sobrevalorado. A entender mejor la alimentación, el metabolismo, las hormonas, el descanso o determinados hábitos, sin convertir cada cuestión en una nueva moda que tenemos que incorporar inmediatamente a nuestra vida.
Y precisamente por eso quería hablaros de Isabel Viña. Para quien no la conozca, es médica especializada en endocrinología y una divulgadora que utiliza las redes sociales para acercar conocimientos sobre salud, metabolismo, hormonas y hábitos de una manera que, al menos a mí, me resulta muy interesante.
Una de las cosas que más me gusta de este tipo de divulgación es que no se trata simplemente de decirnos qué está bien y qué está mal. Muchas veces se trata de poner las cosas en contexto. Porque que algo esté sobrevalorado no significa necesariamente que sea malo, sino que quizá le estamos dando una importancia mayor de la que realmente tiene cuando existen otras opciones que pueden ser más interesantes para ese objetivo concreto.
Y precisamente el otro día me apareció un reel suyo que me pareció súper interesante y pensé que tenía que compartirlo por aquí. Lo titulaba “Sobrevalorado vs. infravalorado en salud” y ponía algunos ejemplos que me parecen muy ilustrativos: una naranja puede ser una estupenda fuente de vitamina C, pero eso no significa que sea nuestra única opción; caminar 10.000 pasos está fenomenal, pero quizá no tenga sentido convertir esa cifra en una obsesión; y dormir ocho horas puede estar muy bien, pero la regularidad de nuestros horarios de sueño también importa.
Y aquí está, para mí, lo interesante: no se trata de sustituir una lista de cosas sobrevaloradas por otra lista de cosas que ahora tenemos que hacer sí o sí. Se trata de entender que en salud casi nunca deberíamos quedarnos únicamente con una cifra, un alimento, un suplemento o una regla aislada. Hay que mirar el contexto.
Y eso es precisamente lo que yo espero de alguien que se presenta como divulgador: que me ayude a entender, no que me dé otra lista de cosas que hacer.
Por eso me pareció que este reel merecía un hueco en este artículo. Porque después de hablar de todas esas recetas, recomendaciones y consejos que aparecen constantemente en redes sociales, creo que también es justo hablar de las personas que utilizan esas mismas redes para algo mucho más interesante: ayudarnos a pensar un poco mejor sobre nuestra salud.
Quizá la vuelta al cole sea también un buen momento para volver a escucharnos. Para recuperar nuestras rutinas, sí, pero también para prestar un poco más de atención a lo que nuestro propio cuerpo nos está diciendo. Dormir y descansar bien, hacer ejercicio, comer de una manera que nos siente bien, aprender a reconocer qué alimentos toleramos peor y cuáles nos hacen sentir mejor.
Esta vuelta al cole, quizá además de volver a los horarios y a las rutinas, podríamos volver un poco más a nosotros mismos.
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